
Ciertas personas no se reconocen ni como hombre, ni como mujer, ni siquiera como una mezcla de ambos. Simplemente describen una ausencia de género. El término agénero designa precisamente esta experiencia: no sentir ninguna pertenencia a una categoría de género. Lejos de ser un fenómeno de moda, esta identidad cuestiona la manera en que nuestras sociedades clasifican a los individuos desde el nacimiento.
Identidad de género y sexo asignado: dos realidades distintas
Antes de hablar de agénero, un punto merece ser aclarado. El sexo asignado al nacer (masculino, femenino, o intersex) se basa en características biológicas. La identidad de género, por su parte, se refiere a la percepción personal.
Una persona puede ser asignada hombre al nacer y sentirse perfectamente de acuerdo con esta categoría. Otra, asignada mujer, se identifica como hombre. Y algunas personas no se encuentran en ninguna de estas casillas. La identidad de género no depende de la anatomía.
Comprender el significado del término agénero supone admitir que el género no es un interruptor binario, sino un espectro que también incluye la posibilidad de no sentir nada en absoluto en este aspecto.
Agénero: definición precisa y experiencia concreta
Una persona agénero (o agenre, en francés) no se identifica con ningún género. Ni masculino, ni femenino, ni una mezcla, ni un tercer género. El prefijo “a-” significa “sin”, como en “apolítico” o “asintomático”.
¿Te preguntas qué cambia en el día a día? Para muchas personas agénero, la relación con el género se asemeja a una cuestión que no se plantea. Allí donde otros sienten una fuerte pertenencia a un género, una persona agénero a menudo describe un vacío, una indiferencia, o un desapego respecto a esta noción.

Ser agénero no significa rechazar a los demás o negarse a la sociedad. Se trata de una percepción íntima que varía de una persona a otra. Dos personas agénero pueden vivir esta identidad de manera muy diferente: una puede adoptar una apariencia andrógina, la otra puede usar ropa asociada a un género sin que eso contradiga su identidad.
Confusiones frecuentes a evitar
Agénero se confunde regularmente con otros términos. Aquí están las distinciones a recordar:
- Agénero y no binario: el término no binario agrupa todas las identidades que no se limitan a hombre o mujer. Agénero forma parte de esto, pero no binario no significa necesariamente agénero. Una persona bigénero o genderfluid también es no binaria.
- Agénero y asexual: uno se refiere a la identidad de género, el otro a la orientación sexual. Una persona agénero puede experimentar atracción sexual o romántica, sea cual sea su naturaleza.
- Agénero y andrógino: la androgínia describe una apariencia física o un estilo que mezcla códigos masculinos y femeninos. Es una cuestión de expresión, no de identidad interna.
Reconocimiento administrativo de las personas sin género
¿Se puede vivir sin género en un mundo que exige marcar “M” o “F” en todas partes? La pregunta no es abstracta, se plantea en cada formulario administrativo, en cada cruce de frontera, en cada inscripción.
En Alemania, un marcador de género “diverso” y la opción “sin indicación” están oficialmente disponibles desde diciembre de 2018. Los datos recientes muestran un aumento notable de personas registradas bajo estas categorías, con un casi triple aumento desde 2022. Este marco jurídico ofrece un reconocimiento concreto a las personas agénero.
En Francia, la situación es diferente. El estado civil no ofrece una tercera opción de género. El plan nacional para la igualdad contra el odio y las discriminaciones anti-LGBTI 2026-2029, lanzado por la DILCRAH, prevé acciones sobre la inclusión, pero la cuestión de un marcador administrativo neutro sigue abierta.
En el Reino Unido, la jurisprudencia reciente vincula los términos “woman” y “man” al sexo biológico en el marco del Equality Act, mientras mantiene la protección contra la discriminación para las personas trans. Las políticas de inclusión deben lidiar con arbitrajes entre protección y seguridad institucional.

Agénero y vida social: lo que realmente cambia
Más allá del derecho, vivir como persona agénero implica navegar en un mundo construido en torno al género. Los pronombres son un buen ejemplo.
En inglés, el pronombre “they” (singular) se ha difundido ampliamente para designar a una persona sin género definido. En francés, el idioma ofrece menos flexibilidad. Algunas personas agénero utilizan el pronombre “iel”, otras prefieren alternar entre “il” y “elle”, y otras más no expresan una preferencia marcada.
La identidad agénero en los adolescentes
La construcción de la identidad de género se afina particularmente en la adolescencia. Investigaciones en psicología del desarrollo muestran que este período es determinante para la exploración del género. Los adolescentes que se reconocen como agénero atraviesan un proceso de identificación similar al de cualquier adolescente, con una variable adicional: el vocabulario para describir lo que viven solo existe en el espacio público desde hace poco.
Nombrar su identidad es a menudo el primer paso para comprenderla. La difusión de términos como agénero, no binario o genderfluid en los medios y las redes sociales ofrece un marco de referencia que faltaba a las generaciones anteriores.
Pronombres, expresión e identidad: tres dimensiones a no confundir
Un último punto estructurante. La identidad de género (cómo se percibe uno mismo), la expresión de género (cómo se presenta al mundo) y los pronombres utilizados no siempre están alineados de manera predecible.
Una persona agénero puede llevar barba y vestidos. Otra puede tener una apariencia muy convencional. La ausencia de género no dicta ningún código de vestimenta ni ninguna regla social.
Este desajuste entre identidad y apariencia a veces desconcierta al entorno. La clave sigue siendo simple: preguntar a una persona cómo desea ser designada, sin suponer nada a partir de su apariencia.
La identidad agénero recuerda que el género, por omnipresente que sea en nuestras estructuras sociales, no es un paso obligado para cada individuo. Los avances administrativos en algunos países y la difusión del vocabulario en el espacio público contribuyen a hacer esta realidad más legible, sin resolver por completo las fricciones concretas del día a día.